Es hora de presentar...



¡Finalmente salió de la imprenta doña Matilde, nuestra atildada abeja! Y salió muy cuca y engalanada. Casi presumida, diríamos. Para presentarla en sociedad como merece, le escribimos estas humildes palabras. Esperamos sinceramente haber puesto bien todos los acentos.


¿A qué debemos tu visita?


Hola. Me llamo Alonso Núñez y estoy aquí para hablarte de un libro nuevo, hecho por una colmena de amigas mías. ¿El título? Matilde Aguijón, reina de la acentuación. Pero dejemos que sea Matilde quien nos cuente de qué se trata.


¿Cuántas veces has tratado

de poner bien el acento?

Y aunque a veces sí le atinas,

otras veces ni de lejos.

Con Matilde aprenderás

las reglas de acentuación

porque mil ejemplos lleva

cada hermosa ilustración.

Saca filo a tu aguijón

y alza el vuelo con Matilde,

que serás en poco tiempo

¡rey o reina de la tilde!


Para serte sincero, lo anterior lo escribió Matilde pensando en mí. Sí, en mí, que aunque estoy viejo y supuestamente ya debería ser un sabio a estas alturas, ¡nada! Puras vergüenzas. Todavía tengo dudas acerca de dónde se pone esa rayita inclinada que los expertos llaman acento o tilde. Es más, cuando era niño, hace muchos muchos muchos años, no les ponía acentos a las palabras. Ni uno solo. Luego, cuando me enseñaron que en español casi todas las palabras tienen una sílaba tónica, es decir, una sílaba que lleva el acento, yo se lo ponía a todas las vocales de todas las sílabas de todas las palabras. Y aquello más parecía una lengua extranjera que español: como si mezclaras el checo con el francés. No sé si entonces lo pensaba de esta manera pero quiero creer que sí: que haciendo eso, por pura ley de probabilidad y alta chiripa, les atinaría tarde o temprano a los verdaderos acentos.


A lo que siempre le atiné fue al cero en Ortografía.


Pero me desvío con mis recuerdos. Matilde se ha propuesto ayudar a niñas y niños que, como yo, se hacen un lío con las reglas de acentuación. Con paciencia de abeja, las va explicando una por una mediante versos sencillos, juegos de palabras y muchos ejemplos. Como estos, mira: Matilde el barrio barrió, el papá una papa se comió, el oso osó robarles la miel a las abejas, etcétera. Y lo hace siempre de manera amable y ocurrente.


¿Cómo surgió la idea del libro y el personaje principal?


¿Qué puede parecerse más a un acento que el aguijón de una abeja? Cuando se lo clava a una sílaba, esta se hincha más que las otras. Es como si el aguijón de Matilde representara el piquetazo de voz que le damos a cada sílaba tónica: como sí- en laba y tó- en nica. Así surgió la idea del libro: por el parecido entre el acento y el aguijón. Matilde, además, como buena constructora de panales, va por partes. Primero explica qué es una sílaba, esa especie de celdilla de que están hechas las palabras, pa-la-bras. También nos aclara la diferencia entre las palabras agudas, graves y esdrújulas, y otros asuntos igualmente útiles para las niñas y los niños que empiezan a estudiar acentuación.


Por eso precisamente le pedimos a Matilde que nos acompañara en esta aventura ortográfica: porque nos gustó la imagen de una abeja que vuela sobre las palabras y les clava el aguijón/acento en el lugar preciso. Zas, zas, requetezás.


¿Cuál es mi parte favorita del libro?


¡La sección de las esdrújulas! Te invito a que me acompañes y leamos esa parte del libro.



Al principio hablé de una colmena, la colmena de amigas que hizo posible el libro. Ellas son Elisa Castellanos y Paola Aguirre, editoras de CIDCLI; la estupenda ilustradora argentina Natalia Jankowski, y la igualmente magnífica diseñadora editorial Roxana Deneb. Abejas laboriosas todas ellas y reinas de su oficio, a quienes Matilde y yo les damos las más sinceras (y melosas) gracias.


Y gracias a ti por tu atención.


¡Suerte con los acentos!


Álónsó Núñéz (así escribía mi nombre cuando era niño)









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